Jesús Moncho Pascual

Trump nos sube la cesta de la compra

Donald Trump, aupado en su caballito de montar, nos sube la cesta de la compra. ¡Ay, Donald de los pesares! ¡Cuántas y tantas quimeras y batallitas! Mientras Donald anda diciendo que los males de su país (el dichoso déficit) se deben a lasResultat d'imatges de donald trump temeridades de otros estados (sus competidores, sobre todo China), la inestabilidad económica mundial se va acrecentando y la cesta de la compra se nos está escapando. Todo porque para ganar las elecciones recurrió al mantra de la bajada de los impuestos (mantra que se sigue en muchas partes, como en las derechas de nuestro país, y que en realidad significa bajada de impuestos a los poderosos). Claro, una rebaja de impuestos merma los ingresos del Estado, y si se presume de nivel de vida (para mantener el favor de los electores), el ahorro (la capacidad para reinvertir) se resiente y se pospone, con lo cual el déficit y el endeudamiento serán los compañeros de viaje. Eso trae aparejado apretarse los cinturones. Y ¿quién tiene la culpa? Yo no, nos dice Donald Trump. Son los chinos(competidor de la hegemonía de Estados Unidos) con sus prácticas comerciales desleales, se nos predica. Les subiremos los aranceles. Que paguen el pato ellos (por malos). Es decir, los chinos se convierten en los malos de la película, cuando son los trabajadores y abnegados en esta historia. Y si a los chinos les da por defenderse, como están haciendo, a su vez elevarán los aranceles a las exportaciones estadounidenses, con lo cual tenemos declarada una guerra comercial que a todos salpica y alcanza.

Estados Unidos vivía en superávit permanente hasta que, a partir de los años 80, como consecuencia de toda una batería de rebajas impositivas promovidas por los neoliberales Ronald Reagan y después por el gran George Bush hijo, pasaron a un déficit crónico. Este camino sólo lleva a un destino: la sustitución de la primacía mundial de un país por otro. Y no a largo tiempo.

Es decir, los adelantos o avances económicos de los países competidores de Estados Unidos (entiéndase China, o Canadá, o países europeos…) se procesan o se leen, en las cabecitas pensantes del equipo Trump, como ataques o como fuertes amenazas a la hegemonía mundial de los EEUU. Incluso todavía más: provocan desestabilidad o son agresiones a la misma seguridad nacional.

La respuesta, dentro de ese orden de cosas, es la beligerancia. Una actitud que viene estando presente en la política norteamericana desde mucho tiempo atrás, para mantener sus políticas imperialistas, promoviendo sin parar conflicto tras conflicto en el campo internacional. Los últimos: Oriente Medio, Venezuela, China…

Así la cosa, rogaríamos que todo el mundo —es decir, la China y EEUU— sea realista y entienda que no se puede mantener el nivel de vida de los norteamericanos (EEUU reparte unos 60.000 dólares per cápita entre sus 325 millones de habitantes) a costa de otros. Y por parte de China habría que entender que su antiguo pasado glorioso no puede reverdecer a golpe de mano dura con sus propios ciudadanos (17.000 dólares per cápita y 1.400 millones de personas). Todo sumado nos da un PIB para China mayor que el de EEUU, lo cual indica que China es más fuerte, pero sus ciudadanos son más pobres que los estadounidenses, siendo estos últimos, sin apreciarlo o asumirlo, los que tienen un futuro por delante más negro. Mientras los chinos van subiendo, los norteamericanos van bajando.

¿Y cómo nos afecta a los españoles todo esto? Un dato queda claro: el incremento de aranceles, o sea, de gastos, desacelerará la producción. Por tanto, acelerará el desempleo o la no ocupación y, en consecuencia, acarreará la pérdida de cierto nivel de bienestar. Si una economía motor, como la china o la norteamericana, entra en problemas, estos inmediatamente repercuten en las demás subsidiarias. Como es nuestro caso.

Confiemos en la cordura, difícil de prever en un señor como Donald Trump, pero al menos esperemos que los empresarios y altos ejecutivos estadounidenses le hagan reflexionar, por el bien de sus empresas y, por extensión, en bien de la ciudadanía en general.

Jesús Moncho

Publicat el 24 maig 2019

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