Jesús Moncho Pascual

Quioscos en el Paseo de Canalejas

   Hoy, 3 de julio, acaba el plazo de presentación de ofertas en el proceso de licitación municipal para la instalación de ocho quioscos en el emblemático Paseo de Canalejas de Alacant. Ocho quioscos. Según la alcaldesa, Sonia Castedo, además de mejorar la oferta turística de la ciudad, supone un incentivo para la economía local con la generación de ocho nuevos negocios y de puestos de trabajo; se dará más vida a este espacio y se garantiza que se mantendrá limpio y cuidado; también reportará unos ingresos extra a las arcas municipales, puesto que los adjudicatarios deberán pagar un canon anual por la explotación de los quioscos. El coste de salida es de 4.000 euros anuales.

   Todo lo cual sin hacer caso a los vecinos ni consensuar con las asociaciones profesionales. Siguiendo la màxima: “todo para el ciudadano, pero sin el ciudadano”. Así, por ejemplo, se hizo la peatonalización de la Plaza del Ayuntamiento y así se deshizo. Pero si en las formas se impone el dirigismo (¡qué le vamos a hacer!), en el fondo entra en juego la visión de que lo público es una carga, necesariamente aliviada por lo privado o privatización de la misma, sin tener en cuenta que dicha privatización (instalación de quioscos) será a costa de la iniciativa privada preexistente en el lugar, y a costa, claro está, de la restricción de derechos de uso del ciudadano que es quien paga los impuestos.

En realidad, todo el mundo vería bien que se dinamice la zona. A este respecto, Félix del Moral, ingeniero técnico en obras públicas y presidente de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, nos dice: “los espacios públicos, además de ser buenos medioambientalmente, también son lugares de encuentro para el ciudadano, de socialización de las ciudades y que deben responder a un concepto de bienestar fomentando los valores lúdicos y culturales; se está intentando que sean útiles para el ciudadano, no sólo porque sean bonitos, sino para que también puedan ser usados y disfrutados”. Y ese uso y disfrute implica mantenimiento y recursos por parte de las Administraciones, y no restricciones que es lo que implica toda privatización.

“Es ilegal acampar en una plaza pública, es una privatización del espacio público“, esto es lo que nos dijo Esperanza Aguirre (cuando le convenía ante un uso ciudadano). Y aquí estamos en lo de siempre: nos desvelamos para que la iniciativa privada salga adelante con sus intereses, sean racionales o no (Rabassa, Ikea o Panoramis o Gran Vía…), y sometemos lo público a un proceso de adelgazamiento continuado como ocurre con nuestras escuelas, nuestros hospitales y, ahora desafortunadamente, nuestros jardines.

Jesús Moncho

Publicat el 9 juliol 2012

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