Jesús Moncho Pascual

La Universidad de nuevo

Está a punto de iniciarse el curso, de nuevo, en la Universidad. Con los libros bajo el brazo, camino del aula asignada. Todo un año. Qué dura es la vida del estudiante. O… ¡qué buena vida la del estudiante! Distinta percepción según quien pronuncie la frase, si es el propio estudiante, o alguien ajeno a la vida universitaria. Dura realidad.

No trabajan, los estudiantes. No trabajan en ocupaciones físicas, se quiere dar a entender desde fuera de la vida estudiantil. Como reflejo de un mundo pasado en el que quien no se ocupaba pasaba por ser privilegiado. “Gandul” era el título de los hijos de los grandes señores árabes, llamados a ser futuros guerreros. En el ínterim, tanto el “gandul” como el estudiante no dispondrán de una autonomía personal. Su presente y su destino es ejercitarse en las armas, es pelear entre libros. Aunque no vean, por el momento, el resultado final de su acción (todavía no van a la guerra, no van a su despacho), han de repetir una y otra vez los mismos actos, sin obtener remuneración alguna por sus actividades. Alejados de cualquier otro deseo o ambición. Sujetos a la dependencia económica familiar (los más) y, por tanto, sujetos a la dependencia en la toma de decisiones. Dura vida pues.

Pero son bohemios, los estudiantes. Visten como les da la gana, siguen sus propios horarios, y están de marcha en los momentos más impensados. No está nada mal. También viajan. Ahora, sin el peligro de los azarosos viajes de aquellos estudiantes románticos de antaño. El “Erasmus” carga con todo. Regalada vida pues.

Quizá, lo de la bohemia, sea la guinda que unos (la sociedad) dan, y otros (los estudiantes) toman, en justa compensación a una actividad como es el estudio tan repetitiva, absorbente en casos, entre cuatro paredes, evaluada constantemente, complicada progresivamente, apretujando el ceño, un año tras otro año, ansiando el suspiro final.

Se inicia el curso de nuevo. Es el retorno a la cotidianeidad, el reencuentro con los quehaceres abandonados un tiempo ha. La vida es eso. Un eterno retorno. Un retorno al tajo, pero, quizá, con mayor experiencia y riqueza personal, con renovada ilusión. El viaje es de Ítaca a Ítaca. Origen y destino no nos son desconocidos. Pero el viaje siempre será imprevisto, sorprendente, aleccionador.

Jesús Moncho

Publicat el 2 octubre 2008

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