Jesús Moncho Pascual

INDEPENDENCIA: un tablero de ajedrez

Decía el sabio que, si baja la torrentera, lo mejor no es intentar pararla, sino encauzarla… Dos hechos son plausiblemente ciertos: el avance y auge del independentismo catalán (o vasco), y la existencia de una Constitución española que no contempla ni permite tal supuesto. ¿Qué hacer? Antes que nada, quizá sea la hora de los políticos, de los buenos políticos. Estos analizan, reflexionan. Y proponen. Quedarse y afirmarse en el punto de inicio es, por supuesto, de pésimos políticos. ¿Tiene derecho el pueblo catalán (o el vasco, o el valenciano) a autodeterminarse?

Sin acudir a conceptos históricos, jurídicos o constitucionales, simplemente apelando al “principio democrático”, es decir, a la voluntad mayoritaria libremente manifestada de los parlamentos (o de los pueblos), la vía a la autodeterminación no puede ser impedida, no puede ser desatendida. Así lo ha asumido el pueblo británico, que, a través del Parlamento de Londres, pacta para el 2014 la realización de un referéndum de independencia con el Parlamento de Escocia, sin tener éste las competencias para ello. Y ¿eso, por qué? Pues, entre otras cosas, por pragmatismo; oponerse a la canalización de ese sentimiento independentista (¿mayoritario?) contribuiría al incremento, radicalización e irreversibilidad de dicho movimiento en las gentes de Escocia. Y, además o sobre todo, por principios democráticos: toda Constitución (estática) es consecuencia del “principio democrático”, y por tanto susceptible de ser superada y avanzada por el mismo principio (que es dinámico).

Previamente, ha habido todo un desarrollo para mantener la unión por ambas partes. Desde el establecimiento de la autonomía de Escocia a finales de la década de los 90, pasando por el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado británico (“the most successful multi-national State the World has ever known…”, como diría la derecha de Londres), o las propuestas de mayor capacidad fiscal y de gasto para Escocia. Actualmente se tiene la impresión de que sólo se puede oponer a la segregación lo que viene en llamarse Full Devolution: concierto económico, y asunción por parte de Escocia de todas las competencias legislativas y ejecutivas, con excepción de las expresamente atribuidas al Reino Unido en las materias de Exteriores, Defensa, y Caja social y Pensiones.

¿Son capaces de seguir un camino parecido los políticos españoles? ¿O nos llevará la la torrentera entre sus turbulencias?

Jesús Moncho

Publicat el 18 octubre 2012

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