Jesús Moncho Pascual

EL VERDADERO CASO CASILLAS

    Casillas, un mito no ya del Madrid sino del fútbol español, divide el madridismo. Las manifestaciones en el Bernabéu así lo han venido atestiguando. Una pena. ¿Cómo es que se ha llegado tan lejos? En realidad, la historia de Casillas es el trasfondo de otra historia más significativa: la crisis del Real Madrid. Sí, la crisis del Real Madrid, por la falta de títulos, y su correspondiente crispación interna, atajada a la manera Florentino. Todo empieza, todo empezó, con la forma de jugar o sistema de Mourinho, completamente replegados, más el recurso a acciones lindantes con la legalidad del reglamento, con el objetivo de superar a su eterno rival, el Barcelona FC. Obviamente, esto levantó cierta oposición en el vestuario madridista. La Historia del Madrid se significaba por todo lo contrario: buen juego, ataque, señorío…

   Pronto las posiciones se decantarían. Por un lado, Mourinho, la apuesta de Florentino, por tanto la posición, digamos, oficial. Y por otro, Casillas, el capitán y depositario del sentir de buena parte del vestuario. El punto de no retorno lo marcaría la llamada telefónica de Casillas a Xavi y Puyol, buscando tender puentes, pues no en vano quedaba en el aire la estabilidad del fútbol español y de su Selección. Lo cual representaba una herida difícil de cerrar en el megalómano de Mourinho. El enemigo está en casa. Se llama Iker Casillas. Y este no tenía vuelta atrás, su cargo de capitán se lo impedía. La guerra quedaba abierta. Los títulos alcanzados al final de temporada dirimirían el ganador y perdedor.

La crisis de juego del equipo en el último año de Mourinho evidenciaba el derrotero equivocado. La ausencia de títulos sería (presuntamente) su consecuencia final. La solución sobre la marcha, a lo largo de la temporada, debía de ser la clásica: la destitución del entrenador. ¿La destitución del entrenador? Florentino sabía que, tal como ocurrió en su etapa precedente en el Madrid, a continuación rodaría su cabeza. El entrenador era su parapeto y salvación. Aunque el equipo no jugara a nada. Aunque hubiera que quemar en la plaza pública a su mismo estandarte, mito, santo y seña: Iker Casillas. Las terminales mediáticas de Florentino ya se encargarían de difundir que el capitán no se entrenaba, no funcionaba en los balones altos, era un topo chivato del vestuario, rompía la disciplina del equipo, su mujer entorpecía la estabilidad del grupo,…

El entrenador, por esta vía rocambolesca, alcanzaba así su inmunidad, y se descubría inamovible hasta final de temporada. Tenía las manos libres para perpetrar su venganza. Casillas sería llevado a la hoguera: su suplencia por Adán, un portero de segunda categoría. La lesión posterior de Casillas edulcoró los hechos. Llegó un nuevo portero, porque no se confiaba en Adán, el otrora sustituto de Casillas, lo cual hablaba de la catadura moral de Mourinho. El resto es conocido. Ausencia de títulos. Renovación de la presidencia de Florentino.

Con la nueva temporada y con nuevo entrenador, Ancelotti, las aguas deberían volver a su cauce. No ha sido así. Ancelotti entendía que reconocer la titularidad del mejor portero de la historia del fútbol español, era devolverle el estatus que Casillas tenía antes de Mourinho, cosa posiblemente peligrosa para la autoridad del entrenador. Siendo como es un entrenador italiano, se siente a gusto con porteros altos (Capelo igualmente). Diego López continúa con la titularidad. Florentino asiente; él también ha pasado su mal trago. Casillas debe purgar.

Pero la herida permanece, sigue abierta. ¿Hasta cuando?

 

Jesús Moncho

Publicat el 4 octubre 2013

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