Jesús Moncho Pascual

El sentimiento independentista que no cesa

Bastantes ciudadanos, mientras algunos otros alimentan el sentimiento de independencia, se preguntan cómo es esto posible. Desde Rodríguez Ibarra hasta la Conferencia Episcopal. Debe de haber una ley, digamos, del lugar que lo regule, pero también una internacional que lo contemple y sancione. Estamos hablando, por tanto, de la Constitución española, que niega cualquier intento, no ya de secesión de un territorio, sino tan siquiera de consulta sobre la cuestión. Y por otro lado, existe la jurisprudencia y actuación internacionales, avaladas últimamente por los casos de El Quebec (Canadá), Kosovo o Escocia. Cualquiera debe fácilmente entender que, planteada la cuestión desde el lado español, la cuestión está ya más que sentenciada: no hay caso, no procede. Planteada desde el lado aspirante o con sentimiento independentista, todo resulta un camino de espinas, que requerirá la intervención o sanción internacional. Hoy, tres son, principalmente, los ejes ideológicos por donde se transita en defensa de la unidad: 1) Negación del principio democrático al derecho a decidir a cualquiera de las partes (Catalunya, Euskadi, País Valencià…) de un real o supuesto conjunto (España), quien mantendría en exclusiva y en conjunto el derecho a decidir. 2) La idea de que secesión es igual a empobrecimiento y penalidades, llevando aparejada la exclusión de todos los organismos políticos y económicos transestatales a los que se pertenece. 3) Fomento tanto de una tímida estima al territorio y a las gentes con sentimiento independentista, como de un activismo militante contrario, que culmine de vez en cuando con la presencia de símbolos o banderas del conjunto dominante. Por otra parte, quien anima el ideal independentista, lo sigue haciendo a pesar de muchas decepciones o desalientos, bien sean de carácter legal: cuando sabido es que el artículo 150.2 de la Constitución española dispone que “El Estado podrá transferir o delegar a les comunidades autónomas, mediante una ley orgánica, facultades correspondientes a una materia de titularitad estatal” (por ejemplo, ley del referéndum), y, de hecho, esta es precisamente la solución británica en el caso escocés. Además, toda Constitución (estática) es consecuencia del principio democrático, y por tanto susceptible de ser superada y cambiada por el mismo principio y ejercicio democrático (que es dinámico); también decepciones de carácter económico: el País Valencià o Catalunya presentan una financión estatal deficitaria (Catalunya produce el 19’5% de los ingresos totales del Estado y recibe sólo el 11%); o, incluso, de carácter histórico: se dice que la unidad de España empieza con los Reyes Católicos, cuando en la colonización y comercio con Las Américas los súbditos de la Corona de Aragón eran considerados extranjeros; cuando en los Decretos de Nueva Planta borbónicos, S.XVIII, tanto València como Catalunya quedan anexionados por “derecho de conquista”… En este marco, la jurisprudencia internacional, instituida por el caso de El Quebec, nos emplaza a todos a “un deber recíproco de todos los participantes a emprender negociaciones para tratar cualquier iniciativa legítima de cambio del orden constitucional”… y “se conferirá al territorio en cuestión una legitimidad democrática para la iniciativa de secesión, que todos los otros participantes en la unión habrán de respetar”. Por nuestra parte, nada más que decir.

Jesús Moncho

Publicat el 22 abril 2013

© Jesús Moncho Pascual. Tots els drets reservats.

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