Jesús Moncho Pascual

El “problema catalán”

Entre catalanes y españoles sólo cabe la “conllevancia”, nos decía Ortega y Gasset. Además, Ortega siempre se refería al asunto en cuestión como el “problema catalán”. ¿Por qué esa expresión? ¿Por qué “problema”? La expresión revela, bien un análisis de la realidad, bien un juicio de valor subjetivo. O las dos cosas. En todo caso, análisis negativo o peyorativo. Pero el aspecto principal es que es juicio de parte. Por tanto, no define la realidad objetivamente.

Si la expresión “problema catalán” fuera real: una de dos, o es la visión de alguien que se siente con el derecho de molestarse porque otro es o se manifiesta fuera de lo común, cosa que cuadra en una relación autoritaria o pretendidamente uniformizadora; o es la visión de una parte, que mantiene intereses encontrados o distintos con otra parte, y en tal caso nos habríamos de remitir a la democracia para dirimir la cuestión. Lo contrario es la imposición o subordinación, en una palabra, la fuerza. La democracia es precisamente el sistema hallado y aceptado para la solución de los intereses contrapuestos.

Y aquí entra el llamado “derecho a decidir”. Se puede reconocer o no. Pero en democracia no cabe la negativa a su reconocimiento: eso, o la fuerza. La persona es el sujeto de soberanía (la llamada soberanía popular), la cual reside en cada uno de nosotros, no en algo ajeno, intocable o eterno (gobiernos, leyes, constituciones, dioses…). La Ley es consecuencia de la decisión de las personas y, por tanto, susceptible de ser superada y cambiada por las personas.

Si a la fuerza ahorcan, si no hubiera más remedio que celebrar la consulta, en tal caso tanto la parte demandante como la parte demandada decidiremos sobre la cuestión, es decir, lo que se llama ser juez y parte: llevar la decisión a todo el ámbito territorial español. Algo a todas luces no procedente. Es obvio que la cuestión debe circunscribirse al ámbito territorial que plantea la demanda, Catalunya (como ocurre en El Quebec o en Escocia). Que voten y sabremos cuál es la voluntad democrática.

Pero puede intentarse difuminar la cuestión. Se afirma que Catalunya no es Escocia (otrora reino independiente), Catalunya no es una colonia (como el Sahara), Catalunya no está en conflicto (como Kosovo)… Cuando en Catalunya dicen que han sido independientes y soberanos hasta el S. XVIII, y, aunque no se reconociera así, El Quebec no ha sido nunca independiente y ejerce el derecho a decidir; incluso Catalunya dice que tiene conflicto con España y esta no le deja decidir, igual que en Kosovo. La doctrina internacional, aceptada por la Unión Europea, proclama que toda colectividad que “tenga un territorio, una población estable, un gobierno funcional, constituya una entidad definida y pueda mantener relaciones con otros Estados”, merece o puede ser un Estado.

En el fondo, todo el problema es una demanda de reconocimiento, que, ante la ceguera de los políticos centralistas españoles, Catalunya presenta por elevación como demanda de secesión.

 Jesús Moncho

Publicat el 20 octubre 2013

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