Jesús Moncho Pascual

El descrédito de las palabras

La palabra nos ha sido dada, al ser humano, para transmitir nuestro pensamiento o… para encubrirlo. Entre tales vacilaciones anda el ciudadano de a pie cuando oye a monseñor Bargalló (obispo de Caritas Argentina) afirmar que está comprometido con la palabra de Dios, o cuando ve a Rajoy subir el IRPF o imponer el copago sanitario. El obispo se va con su querida a las playas de Puerto Vallarta con cabañas exclusivas de 470 dólares al día, y Rajoy gana una elecciones aseverando que no tocará pensiones, educación y sanidad. Flatus vocis. Mientras la voz es un mero intento de representación de la realidad, la acción o conducta es la constatación palpable de la pura realidad. Y con todo eso hemos de convivir, por no decir soportar. Quizá nos sintamos defraudados, quién sabe si engañados. Pero hemos de seguir la marcha cotidiana. Aunque nos zumben los oídos o nos traigan ecos no demasiado lejanos: “Terra Mítica y la Ciudad de la Luz son las grandes fábricas de empleo del siglo XXI”, nos dijo el inefable Camps. Hoy el diario Información (28-06) publica que Terra Mítica se ha vendido a precio de saldo por parte de la Generalitat. Parole, parole… Parole que, en correlación, no acarrean ninguna exigencia de responsabilidad. Aquí nadie da explicaciones, aquí nadie paga por sus excesos. ¿Qué nos queda fiable?, ¿qué nos queda de permanente? Ay!, esta España. Aquello tan repetido y ahora a veces añorado de “Una, Grande y Libre” tampoco se aguanta, tampoco nos sirve. Los “mercados” nos dictan la nueva realidad, una unidad (europea) bancaria, fiscal y política. Es decir, Alemania a través de Bruselas guiará nuestros Presupuestos, vetará nuestras directrices económicas e impondrá sus criterios políticos. ¡Vaya! ¡Pobres de nosotros! Lo único que queda claro es que “Uno, Grande y Dominante” sí que es el dichoso Mercado.

Jesús Moncho

Publicat el 1 juliol 2012

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