Jesús Moncho Pascual

De San Nicolás a Gran Vía

El eje “San Nicolás-hipercentro Gran Vía”, obviamente, no existe. En medio se encuentra el Benacantil y su castillo de santa Bárbara. Más que de eje, en todo caso, se podría hablar de estructura bipolar (el uno completamente opuesto al otro), habiendo ejercido la catedral de San Nicolás, renacentista y guapa ella, el papel de aglutinante de la ciudad cuando ésta se decidió a descender del monte para conquistar y domesticar (de “domus”: casa) el llano. Efectivamente, hasta los barrancos y ramblas se poblaron de casas. San Nicolás, abogado de las vírgenes y casamenteras (“Sant Nicolau, Sant Nicolau, feu-nos casar, si us plau!”), hacía honor a su fama y reputación, por lo que Alacant, como en el mandato bíblico, crecía y se multiplicaba. Sólo el mar ponía puertas a su expansión, y poco le importaba a ésta gozosa y festiva ciudad que su santo patrón también lo fuera de la fría Rusia, o que se le confundiera con el repartidor de regalos y carbón bajo el nombre de Santa Claus allá donde nevaba por Navidad.

Sobrevinieron las guerras de las galaxias en forma de saga cinematográfica, nuestros hogares se inundaron de ordenadores personales, y los tiempos andaban preparándose para el nuevo siglo, para el nuevo milenio, cuando un nuevo macro-santuario emergería entre los espartales, llamado a ser foco dinamizador de aquellos parajes yermos y hasta la fecha olvidados de la mano y del cariño del Ayuntamiento de los alicantinos: Hipercentro “Gran Vía”. Santuario de peregrinación para el compulsivo consumista que todos llevamos dentro. Cual nuevo “compus stelae” que orientaba caminos para la repoblación de la recóndita Galicia, la gran superficie comercial sobresalió en el páramo (el Garbinet d’Alacant), con la magia de irradiar viales y el poder de atracción para tahonas y rascacielos.

Sabido es que cada época posee sus emblemas, monumentos, y referentes. Ya pasaron los tiempos de los castillos y de soberbias catedrales. Gaudí es un error del presente. Hoy dominan y subyugan a las ciudades los estadios de fútbol y las grandes superficies comerciales. Son los hitos que concitan y entusiasman a las gentes. Con los que se identifica el común mortal automovilizado de hoy. Es que… -me espeta mi vecino de asiento de autobús- los hipercentros incluyen parkings, las catedrales no.

Publicat el 18 maig 2008

© Jesús Moncho Pascual. Tots els drets reservats.

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