Jesús Moncho Pascual

Cuando la brujería asalta la racionalidad

   “Casi la mitad de los jubilados de la provincia ayudan  a sus hijos a llegar a fin de mes”, INFORMACIÓN (24-11-2013, domingo). “El TSJ pide refuerzos para evitar el colapso por los casos de corrupción” (23-11). “La policía halló documentos de las casas de los hijos de Alperi en los registros a Ortiz (se sospecha que fueron regaladas por el constructor al exalcalde)” (22-11). “Diputados del PP dicen que se sienten engañados y retiran su apoyo al indulto a Hernández Mateo” (21-11). “El exdirector general de la CAM pagó en efectivo el millón y medio para salir de la cárcel” (20-11)… En fin, ¿para qué más? Una tras otra, estas son consecutivamente las últimas y recientes portadas del diario INFORMACIÓN de Alacant. El mayor rotativo de por estos lares. Desde los recortes y penurias sociales a la corrupción y el descrédito político (del PP principalmente). Queramos o no, esto nos dice qué pasa aquí. ¿Cómo se ha llegado hasta tal punto?

   Hemos llegado ahí como consecuencia del estado de cosas establecido. Entre el sopor general (no la anuencia o connivencia) de una sociedad abducida. Los sueños (casi) imposibles estaban al alcance de la mano. Se estableció la barra libre. Somos la Comunidad más próspera de Europa (Paco Camps dixit). El concepto de libertad individual en una economía de mercado libre se expandió sin límite. Un, en realidad, anarquismo de derechas, antiEstado, antiorganizaciones colectivas sintetizadas en el ataque sin cuartel a los sindicatos…, que encubrían  (otra vez “en realidad”) dogmas (aquí ya no vale el “liberalismo” sino el “talibanismo”) como la desregularización de los mercados, las privatizaciones, la reducción de los gastos públicos, flexibilización, las reformas laborales, ataque a las pensiones… Es la nueva religión. El neoliberalismo. El triunfo (no se puede decir la “dictadura”) de los mercados sobre las personas.

El trabajo es una mercancía. No un medio de vida (digna). Como tal mercancía ha de producirse a su coste más bajo. Dios nos coja confesados. Los recursos naturales, el planeta, son despilfarrados en una visión a corto plazo (máximo rendimiento y beneficio), desvalorizando el futuro, en contra (otra vez “en realidad”) de las leyes económicas sobre la descapitalización de recursos, base del mantenimiento de la actividad económica en un futuro continuado.

La racionalidad brilla por su ausencia. El engaño es masivo. La mentira es moneda corriente. Los gestores de tal realidad son “actuantes en diferido”. Y (otra vez “en realidad”) ¿cómo podemos estar diciendo todo esto?, ¿cómo los periódicos nos alarman con tanta portada?… Ustedes ya habrán dado con la respuesta: cuando la brujería asalta la racionalidad, no hay explicación.

Jesús Moncho

Publicat el 1 desembre 2013

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