Jesús Moncho Pascual

COQUETEAR

 Coquetear. No es de extrañar que los primeros en inventar (usar) la palabra fueran los franceses. Es que su historia repleta de gallardía y aire liberal al tiempo que una lengua susurrante y sensual, les catapulta al podio de los pueblos más románticos del mundo. Así, al ver deambular los gallos en el gallinero con su altanero coq-coq les llevó de inmediato a intentar emular sus prácticas y a trasplantar la onomatopeya sonora al lenguaje cotidiano: coqueter/coquetear. Y lo que era un simple rugido animal ahora se trasforma en todo un arte: “Ma bouche te sera un enfer de douceur”, nos decía el rapsoda Apollinaire,mi boca será para ti un infierno de dulzura”. Coquetear. Sí. Con encanto, con maestría. Así piensan, pensamos, la mayoría, y tendemos a creer que siempre hay alguien entendido en el asunto, el galán; o que hay unos colectivos más duchos que otros, o sea, los franceses. De inmediato también, ¡cómo no!, se les acuña el sello contrario, se les achaca “despedirse a la francesa”, como colmo de la nula cortesía y urbanidad; y ya no digamos de aquello de “hacer un francés”, como sustituto de algo más profundo y real.

Pobres gallos. No sabían, ni saben, de qué son ejemplo. Incluso se les ha tomado como paradigma de la actitud vigilante y combativa, “ser o hacerse el gallo”, cosa que también arrastran los franceses a sus espaldas, con o sin razón. Viene a confirmar esta tesis el hecho de que en algún escudo francés aparezca la figura del gallo. Y es que la humildad siempre se valora más. Como la de su homóloga oponente, la gallina, símbolo del amor paciente, constante, protector, por lo de la gallina clueca que incuba afanosa y diligentemente sus huevos en su nido.

Bueno, coquetear parece ser hábito extendido del verano. Tiempo en que los unos/as y los otros/as se desprenden un tanto de convencionalismos, de ropas, de corsés… para aligerar, es decir, para hacer más llevadero el tiempo, ya hemos dicho, de calores, de prisas, de nuevos hábitos, incluido el de atreverse, quizá, a mascullar lo de Ma bouche tesera un enfer de douceur, porque todos/as intentamos, aunque no seamos franceses, aquello de caer bien al de al lado.

Jesús Moncho

 

Publicat el 9 juliol 2018

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