Jesús Moncho Pascual

Constitución: un muro infranqueable y eterno

 El desafío soberanista de Catalunya no ha merecido respuesta por parte del Gobierno en los términos de establecer vías de diálogo para afrontar el problema o acercar posturas. Eso tan hispánico de “coger el toro por los cuernos” no va con Mariano Rajoy. A todo lo más que se alcanza es a tratar de negar la realidad.

La FAES, encabezada por Aznar, afirma en su informe que “debe admitirse que se transfieran recursos de los ciudadanos más prósperos a los más necesitados, con independencia de su lugar de residencia. Es la capacidad de pago, y no la residencia, el factor que determina la carga tributaria que soportan los contribuyentes”. Y continúa “El sistema de Pacto Fiscal supondría una merma importante en los recursos del Estado para desarrollar políticas de equilibrio interterritorial… Si las comunidades autónomas tuvieran la capacidad de decidir el montante de recursos que destinan a la solidaridad interterritorial (que según la Generalitat debería ser del 4% del PIB de Catalunya, y no el 9% actual), estarían asumiendo de facto una competencia exclusiva del Estado”. Además, afirma que Catalunya en el 2006-09 tuvo un superàvit fiscal de 4000 millones. Y concluye: no hay expolio fiscal. Por tanto, muerto el perro, se acabó la rabia.

La realidad dice que la corrección en 2009 del desequilibrio en el gasto público de todas las Instituciones provocó un efecto artificial, puesto que el dinero utilizado eran deudas y esto había que pagarlo igualmente mediante impuestos (por tanto no era riqueza ni superàvit en Catalunya). Y en cuanto al expolio fiscal, desde 1986 hasta ahora, Catalunya con un 16% de la población de todo el Estado ha producido un 20% del PIB y, en cambio, ha pagado un 24 % de impuestos y sólo ha recibido el 10% de ingresos presupuestarios del Estado.

El segundo frente gira en torno a la negación de la similitud del caso Escocia con Catalunya. Hasta el embajador Trillo en Londres se atreve a dar lecciones de Historia. Pero todo el mundo confunde Reino de Aragón y Corona de Aragón. Todo el mundo olvida que, para la colonización y comercio con las Américas, los ciudadanos de la Corona de Aragón éramos extranjeros. Todo el mundo olvida que el primer Borbón, Felipe V tras la Guerra de la Sucesión, anexionó los territorios de la Corona de Aragón “por derecho de conquista” (incluida València) según los Decretos de Nueva Planta de 1711-15.

Y ya finalmente se presenta la Constitución como muro y contención de todo iniciativa democràtica o de toda manifestación libre de las sociedades, parlamentos o pueblos. Así, per saecula saeculorum. Se ignora que la Constitución es consecuencia del ejercicio democrático y, por tanto, susceptible se ser superada y cambiada por la misma práctica. Ninguna Constitución puede ser usada para impedir el ejercicio democrático. A no ser que ya hayamos llegado al mismo paraíso definitivo y final, y no quepa ni siquiera mirar más allá por encima del muro.

Jesús Moncho

Publicat el 16 novembre 2012

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