Jesús Moncho Pascual

“Catxirulos” sin licencia

La Generalitat Valenciana parecía tener un ojo estrábico en sus prospecciones para grandes emprendimientos tipo Terra Mítica, de la Luz, o Ciutat de les Arts (dedicada ahora, además, a bodas, bautizos y comuniones, y con la cubierta abollándose), pero sí ha afinado y se ha esmerado en la exigencia de un carné de experto en el uso festero de petardos y cohetes, en la regulación del intrincado parany para la caza de aves, o en la simple prohibición del juego de pelotas en las playas. Claro que sí. Hay que ir ordenando. Por regular que no quede. Aunque, ya puestos, no se atrevieron a regular, por ejemplo, el salto a la comba o el vuelo de catxirulos; la tradición se ve que pesaba demasiado, según atestigua la canción: «Un dia de Pasqua, un xiquet plorava, perquè el catxirulo no se li empinava, la tarara sí, la tarara no, la tarara, mare, que la balle jo».
Usted mismo puede montar el catxirulo artesanalmente, con papel de cebolla de colores vivos, varas de fusta o caña y pegamento, en forma de hexágono o estrella, con un vistoso penacho de cola, de donde procede el nombre en castellano, cometa, que en griego clásico venía a significar «provisto de larga cabellera». El resultado en gran parte de nuestras tierras es, por abril y mayo, el cielo lleno de cometas sin licencia. La pericia y saber de nuestros niños y abuelos en el arte salva cualquier imprevisto. La Generalitat parece que queda y está tranquila.
Pero en la vida, sobre todo en la moderna, puede aflorar fácilmente el conflicto. En algunos parajes, en algunas playas, la concurrencia del kitesurf (surf colgado de una cometa) o del ala-delta, junto con los catxirulos, pueden presentar un aire lioso. ¿Quién lo desenredará? ¡Necesitamos un político! ¡Ponga un político en su vida! Ya se piensa en desempolvar la posibilidad de conceder licencias de vuelo de catxirulos. Todo sea por el orden en los cielos. Mientras volaron avecillas, y quizá ángeles y querubines, no hubo problema alguno. Ahora que los humanos invaden los aires, habrá que poner orden, habrá que deshacer enredos.
Al final, todos nos preguntamos (y contestamos) que esta Generalitat está para algo. Para petardos…, para catxirulos…, mientras va arreglándose poco a poco ese ojo suyo tan estrábico.

Jesús Moncho

Publicat el 30 maig 2013

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