Jesús Moncho Pascual

Adolescentes en su batalla

La buena mujer, de mediana edad, retiraba las bandejas de las mesas. Era un establecimiento de comida rápida, luminoso. “Es que no me lo creo”, nos decía, “estos chicos de Instituto acaban con mi paciencia y con el lugar; me superan!”. Era ya de noche y el cansancio, supongo, hacía mella en todos.

¿Qué les pasa a los muchachos?, ¿qué les sucede a nuestros chicos? No descubrimos nada si constatamos que el arrebato ciertamente va con ellos. Puede ser su ingenuidad, puede ser su vigor, quizá un algo de descontrol. Crecieron y tratan de desprenderse de aquella aura de infancia o bisoñez. Andan vacilantes. Vieron que la vida transcurría frenética, sus padres trabajaban las 25 horas del día, eran días de abundancia, y todo apuntaba que era sencillo ocupar y seguir la misma rueda, casi sin preocuparse, sin siquiera reparar en ello. ¡Para qué estudiar y diferir el futuro! Instalar ventanas, conducir la furgoneta, o trasladar ladrillos de un lado a otro ya daba suficiente. Pero nada de aquello es cierto. Bastantes padres están fuera del mercado de trabajo, tirados en el sofá, y uno de cada dos jóvenes no encuentra ocupación. Los chicos se han quedadado sin referentes. Además, la atracción natural en los jóvenes hacia lo nuevo, en este caso, hacia las grandes ideologías o corrientes liberadoras o renovadoras no se ha dado hasta ahora. No hay un nuevo modelo. Ni siquiera la música, ni siquiera el Rock, se han eregido en estandartes como antaño. Y nuestra buena mujer refunfuña de mesa en mesa.

La coherencia de toda una sociedad, en la que intenta integrarse el joven, es clave. Primero desacreditamos los estudios, el esfuerzo, el ideal; luego despreciamos la investigación, la industria del conocimiento y las nuevas tecnologías; y ahora recortamos en educación y formación, cuando más necesarios son su fomento e inversión. Las batallas que se llevan los adolescentes puede que no sean otra cosa que nuestros descuidos e inhibiciones previas. ¡Qué le vamos a hacer! Aunque siempre quedará, en última instancia, la bravata y el consuelo incapaz de llamar al tío de la porra.

Jesús Moncho

Publicat el 18 febrer 2012

© Jesús Moncho Pascual. Tots els drets reservats.

Disseny web i allotjament de Clave de Web.

WP SlimStat