Jesús Moncho Pascual

¿Es Torrevieja un espejo?

En los últimos cinco años Torrevieja ha aumentado su población censada un 68%. En los últimos veinte años ha aumentado un 410%. Obvio es decir que en el intérvalo la mayoría de la población ha cambiado la azada por la americana y la corbata. Ha pasado de ocupaciones primarias (agricultura i pesca) a terciarias (turismo y servicios). Se retiran mensualmente para su reciclado más de 9.000 litros de aceites de fritangas de sus establecimientos hosteleros. Y unas 144 nacionalidades distintas comparten su hábitat. Su horizonte se ha alargado, aunque de buena mañana se abra una seria disputa en la playa por asentar y plantar una sombrilla que dé derecho a ocupar unos metros de arena al sol. Esto es Torrevieja, uno de los referentes de la Vega Baja del Segura.

Exceltur (Alianza de las principales empresas del sector para la excelencia turística) afirmó que en 2003 el turista residencial (de apartamentos y bungalows) dejaba en Torrevieja 17 E al día, mientras que en algunas otras partes se dejaban más de 70 E. Y que el turista hotelero genera como mínimo el doble de gasto personal que el residencial. Malas noticias, mal mensajero. La realidad, sin embargo, nos muestra que Torrevieja dispone de 331.000 plazas extrahoteleras, 1.600 hoteleras, y que ha agotado el suelo actual ubanizable de su término. Ha hecho una apuesta inmobiliaria extensiva, depredadora de recursos (suelo, agua…) que genera escasa actividad económica turística complementaria. Se busca el beneficio inmediato (plusvalías de recalificación, beneficios construcción…) que se acaba en cuanto se agota la materia prima, en este caso, el suelo a urbanizar, y aparecen agigantadas las servidumbres adquiridas debido a su merma (infraestructuras, equipamientos y servicios, recogida residuos, seguridad ciudadana…), como también se agrandan las necesidades de su financiación. El concejal de Hacienda del municipio dice que se ha incrementado el valor catastral de las viviendas en un 225% (la oposición asegura que hasta un 400%), y que se repercutirá con un aumento anual del 35% en el Impuesto de Bienes Inmuebles durante diez años. Ante lo cual se propone el 29 de setiembre en curso una manifestación pública convocada por fuerzas cívicas, sindicales y políticas. El hecho cierto es que Torrevieja arrastra una deuda casi del 110% en relación a sus ingresos, bordeando el límite legal de deuda. ¿Es eso calidad de vida?

Y ¿cuál es la actitud de sus dirigentes para rectificar o modificar el modelo económico? De momento, no hay visos. Sabemos que su primer munícipe se benefició de una compraventa de suelo que le reportó cerca de mil millones de pesetas. Sabemos que se encuentra bajo imputaciones judiciales. Otros estamentos municipales (interventores, policía…) se encuentran bajo sospecha. El no actuar, el no dar un golpe de timón, favorece la degradación progresiva, caldo de inseguridades de todo tipo. La sociedad torrevejense, y por extensión la de la Vega Baja, se merece una consideración y un trato distintos. Ellos sabrán alcanzárselos.

Jesús Moncho
Información, 15-9-2006

Publicat el 15 setembre 2006

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