Jesús Moncho Pascual

¡No fue penalty!

Futbol sense fronteres

El fútbol, como marco o referente emocional de las gentes, ocupa un destacado lugar en la sociedad de hoy. Y, con la explosión de los mass-media actuales, alcanza una repercusión ciertamente explosiva. Pero aquel sentimiento local, de apego al equipo del barrio o de la ciudad, va cediendo o, mejor dicho, ha ido dando paso a una nueva pulsión, la que siente el ciudadano de la nueva era, la nueva era del consumo y la conectividad sin limitaciones, sin fronteras, en la que el individuo se siente pletórico y poderoso por sus posibilidades de acceso a los bienes de uso cotidiano (desde una camisa de Zara, a una hamburguesa o una peli de monstruos…) y por su constatación de pertenencia a grupos de idéntico sentir que exceden su entorno local, ya sean minoritarios (amigos de los perros dálmatas…) o de mayor extensión como ser adictos al Twiter o Facebook, o pertenecer al Manchester United, al Real Madrid o al Barça…   El individuo se siente amparado y catapultado entre sus mismos correligionarios, máxime cuando participa de esa explosión común que es el sentimiento compartido de una emoción. Nada comparable al respiro y sentimiento de plenitud de los madridistas tras el último triunfo de Copa del Rey; indescriptible el orgullo del barcelonismo por el triunfo de la Liga y la Champions…

Todo esto viene siendo narrado por los mass-media, que, al mismo tiempo, son empresas que persiguen su legítimo lucro, que buscan el máximo beneficio. Empresas que, en la identificación con el objeto de adoración o línea de pensamiento de la mayor parte de sus lectores, basan su éxito. Así, algunas empresas son capaces de destruir a todo un presidente de una sociedad (Calderón, del Real Madrid) por no ganar al Barça ni llevar al equipo a conquistar la Champions, para colocar un caballo ganador (Florentino) al que calificaban de “ser superior”. Son capaces de decir que “Cristiano Ronaldo es generoso y tiene capacidad de líder al convocar hacia sí a todos sus compañeros para festejar un gol (asómbrense ustedes) marcado por otro, por Higuaín” (Madrid-Betis, 4-1). Pero dirán de Messi, tras intentar una galopada de regates fabulosa y acabar el tiro en el poste, que es egoísta (Barcelona-Plzen, 2-0), después de una espectacular doble pared Iniesta-Messi que acabó en gol no menos espectacular de Iniesta. O se ensañarán con un futbolista agredido, tildándolo de racista y provocador (Cesc), dejando a un lado y sin enjuiciar ni reprender al agresor y, además, iniciador de la bulla (Kanoute) al desplazar desabridamente un balón colocado en el punto de penalty. Es decir, la norma mediática para estas empresas es:  “se demoniza siempre al rival, se ensalza y defiende a ultranza el bando propio”. No se entra a valorar la realidad, a juzgar lo ocurrido, sino a prejuzgar según los cánones preestablecidos para la mayor rentabilidad de estos medios.

Y aquí entra el jugador número 12, el aficionado, a quien va destinado el mejunje mediático para que se mantenga pegado a la audiencia o compre el periódico. Es, digamos, el “soldado desconocido” en forma de monumento, que bendice todas las guerras. Todo traducido a un mayor rendimiento en los balances finales de estas empresas de comunicación. En Inglaterra llaman a esto “tabloide”: cuando no importa la información de la realidad, sino la creación de una apariencia chillona, crispante y un tanto sádica… Dios salve a la Reina.

Jesús Moncho

Publicat el 29 octubre 2011

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